
Te levantas, toses, bebes agua y te llevas a la boca aquello que tu vista agarra fuerte como si hubieses hecho deporte temprano. Siempre haces casi lo mismo. Piensas cosas extrañas sin orden intentando razonar pero siendo una compleja campaña. El café te lleva de inmediato al baño y cagas según venga la cosa.
Y sin querer todo comienza a rodar de la misma forma que el día anterior y así sin querer te dejas arrastrar sobre un circuito que hace rodar la mañana, la sobremesa y la noche. Y eso es todo casi siempre.
Mecánica a fin de cuentas.
Soluciones están todas en la cabeza y a veces en el cuerpo. Uno no sabe bien si una cosa lleva a la otra o al revés. Algunas veces te puedes bajar del vagón y como somos perros viejos y caprichosos la mejor manera es quitarte toda la ropa tumbarte en la cama y gritar fuerte la necesidad de pegar un buen polvo. Y eso te lo rompe todo y eso te engrasa las ruedas.
Y llega la noche y aunque te duermas en tu postura favorita al menos eres consciente de que siempre te puedes dar una vuelta por la feria.