
La voz tranquilica y medio arañada de Phil Collins que suena a medio gas desde el ordenador. Ordenador de cabeza o reducto donde evadirse.
Comienzan los días Rodriguez en las escaleras sin barrer y las sábanas estiradas justo antes de tumbarse sobre las pajas de la noche.
Y el silencio o el agua de la cisterna que gotea te retuercen las ideas y aunque la cama se queda grande, pequeñas se hacen las horas. Egoísmo de series, tebeos, videojuegos, cervezas gamberras y ducharse al día siguiente. Hacerse mayor o disfrutar de la calma traviesa que supone el sofá con los calcetines por encima del camal del pijama. Y gustarse es cosa de uno mismo en estos tiempos.
Las rarezas de la madurez y conducir por la noche cuando dormir no apetece y sentirse bien como en el agua tranquila. Entre arriba y abajo nos quedamos en medio con ganas de que todo nos roce.
Y metas sin cumplir pero muchas de ellas sentándose en el banquillo de los acusados. Quedarán absueltas las de siempre.
Y ahora me voy a saltar en la cama a tirar las almohadas al pasillo. Y dejarme caer en la cama sin estirar y levantar las piernas como un carnero loco. Rodríguez.