
Otro trocico más y ya que si no luego.
Y con trocico aquí y trozaco allá se van haciendo lorzas.
Y otro pedazo más que más da.
Así de ridícula y simpática es la vida. Ayer por la tarde buscando el detergente para la lavadora en Carrefour que mejor encajase en el olfato y el bolsillo me volví a dar cuenta lo estúpido de tenernos entretenidos. La estrategia de mercado pensada en satisfacer nuestros minutos con cosas vacías para que todas nuestras porciones se agoten mientras rebañamos la cuchara.
Se nos va otro más en días y me pongo a pianistas en Spotify para digerir recuerdos borrosos de una agenda que se deja caer del acantilado de mi escritorio. No lo lloro mucho, tengo una nueva encima (otra porción por favor).
Ahora nos quedamos sentados frente al ordenador pensando tranquilamente que significa todo y volviendo la vista atrás. Pensando en las películas que vuelven a hacer para recordarnos que ya comimos mucho en el pasado y que la fanta mezclada con Coca-cola molaba más hace años.
Nos quedamos con la letra de la canción Un año Más de Xoel López y nos entra la risa, no queda otra.
Feliz glucemia.