Noche trigésimo segunda. El letargo y los gatetes.

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Se sueltan las cuerdas y se te escurre el culo sobre el metal de ese tobogán oxidado por los bordes del otoño de las toses feas y las ganicas de sueño.
Algunos lo etiquetan como el cambio de clima ó astenia. Yo lo llamo disidia.

El caso es que llega el fresco y dormir en pelotas molaba hace tres semanas pero ahora te agarras fuerte a lo primero que tienes al lado para abrazarlo o echártelo encima. Y el sofá vuelve a soltar ese olor a gustico y las películas se vuelven estúpidas pero útiles como somníferos nocturnos.

Y de repente el blog al igual que todo empieza a recibir actualizaciones más separadas en el tiempo y es que llega el tiempo del descanso después de un año intenso.

Buenas noches con párpados cansadicos.