Día centésimo trigésimo quinto. Si-cari-si.

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Me apeteces todo.
Como llevarte muy dentro y sacarte de mis adentros como por arte de magia.

Un bolsillico lleno de mis.

Te prometo que iremos allá donde tu quieras. Entre las páginas de una libreta donde no se puedan arrugar tus esquinas.

Y serás tan feliz como el día que lo simulaste por primera vez. Ese será tu viaje. Siempre alegre. Donde quieras. Sin granos ni manchas en la piel.

Yogures perennes. Todos los trampantojos en fila esperándonos.

Día centésimo trigésimo cuarto. Los cambios.

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En ocasiones los días aportan imágenes que vienen para quedarse. Aquellas historias que te enternecen y que ganan en atención y alegría.

Las situaciones cambian la hoja de ruta y eso pasa despacio. Lento. Bonito.

Como las canciones que cuando las escuchas por primera vez sabes que te van a gustar para siempre.

Atardecer centésimo trigésimo primero. Escurrio.

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El culo carpeta se le queda a la gente mitad por herencia mitad por aplastar el culo en la silla todo el rato.

Hoy mi culo ha decidido hacer prácticas reglamentadas en la Facultad de Planacia. – Se te queda to escurrio! aseguran en su anuncios y he de confesar que tienen razón. Entre pitos y flautas yo no hago gran esfuerzo y estoy consiguiendo que la transición entre espalda y muslos no contemple ningún sobresalto en su trayectoria.

Siempre habrá cosas peores. Como los anuncios de Spotify o que?

Día centésimo trigésimo primero. Rodríguez.

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La voz tranquilica y medio arañada de Phil Collins que suena a medio gas desde el ordenador. Ordenador de cabeza o reducto donde evadirse.

Comienzan los días Rodriguez en las escaleras sin barrer y las sábanas estiradas justo antes de tumbarse sobre las pajas de la noche.

Y el silencio o el agua de la cisterna que gotea te retuercen las ideas y aunque la cama se queda grande, pequeñas se hacen las horas. Egoísmo de series, tebeos, videojuegos, cervezas gamberras y ducharse al día siguiente. Hacerse mayor o disfrutar de la calma traviesa que supone el sofá con los calcetines por encima del camal del pijama. Y gustarse es cosa de uno mismo en estos tiempos.

Las rarezas de la madurez y conducir por la noche cuando dormir no apetece y sentirse bien como en el agua tranquila. Entre arriba y abajo nos quedamos en medio con ganas de que todo nos roce.

Y metas sin cumplir pero muchas de ellas sentándose en el banquillo de los acusados. Quedarán absueltas las de siempre.

Y ahora me voy a saltar en la cama a tirar las almohadas al pasillo. Y dejarme caer en la cama sin estirar y levantar las piernas como un carnero loco. Rodríguez.

Anochecer nonagésimo séptimo. Muy lejos.

DARIO-1Llegado el momento aprenderás a pulsar el botón trasero de tu ordenador.

Y la última canción que sonará en la computadora será Si Te Mueres Mañana de Kanaku Y El Tigre.

Y lentamente retrocederás sin dejar de mirar de reojo lo que se queda atrás. Lagrimilla vergonzosa que se escurre debajo de las gafas. Toca salir a correr para huir de los recuerdos o traerse una bolsa de setas repletas de esporas de tiempo.

Esta noche sopa de la mama congelada. Acabamos el año cerrando la puerta de las puertas con la llave maestra para abrir el regalo de estar vivos aún muy lejos.

Ahora si y hoy si quiero sentirme el bikini apretado porque comienzan mis vacaciones con toda la ilusión que se merecen.

Día nonagésimo quinto. Porciones

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Otro trocico más y ya que si no luego.
Y con trocico aquí y trozaco allá se van haciendo lorzas.
Y otro pedazo más que más da.

Así de ridícula y simpática es la vida. Ayer por la tarde buscando el detergente para la lavadora en Carrefour que mejor encajase en el olfato y el bolsillo me volví a dar cuenta lo estúpido de tenernos entretenidos. La estrategia de mercado pensada en satisfacer nuestros minutos con cosas vacías para que todas nuestras porciones se agoten mientras rebañamos la cuchara.

Se nos va otro más en días y me pongo a pianistas en Spotify para digerir recuerdos borrosos de una agenda que se deja caer del acantilado de mi escritorio. No lo lloro mucho, tengo una nueva encima (otra porción por favor).

Ahora nos quedamos sentados frente al ordenador pensando tranquilamente que significa todo y volviendo la vista atrás. Pensando en las películas que vuelven a hacer para recordarnos que ya comimos mucho en el pasado y que la fanta mezclada con Coca-cola molaba más hace años.

Nos quedamos con la letra de la canción Un año Más de Xoel López y nos entra la risa, no queda otra.

Feliz glucemia.

Noche octogésima tercera. Huec@s.

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El tiempo sigue borrando lentamente aquellas huellas lejanas que no sentaban del todo bien.

La franqueza del egoismo que no es del todo una reacción negativa tiene sus efectos a diario.Se aleja la maldad y aunque la palabra mierda me llena la boca he conseguido estar casi desintoxicado de grandes males.

Todavía quedan huecos pero ¿que son pequeños agujeros cuando la barrera de acierto cuenta con un gran porcentaje de éxito?

Salir a la calle y pararse a pensar en cosas simpáticas y hacer balance de forma inconsciente.

Día septuagésimo quinto. Casi al final.

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Con las mañanas soleadas de los últimos días del año nos vamos acercando a la recta final. Contadores que nunca está a cero y un café ya no es suficiente para despertarse del todo. Letargo que se disfruta a medio gas por los remordimientos de una perrería injusta en la cama hasta muy tarde.

Y miramos al frente y casi siempre hacia abajo para reconocernos los pasos dados: tropiezos y pasos de baile ensayados. Y volveremos a comenzar sin empezar nada nuevo. Pequeñas arrugas que muchas veces no llegamos a limpiar bien en su profundidad y que sin darnos cuenta acumulan días sosos.

Y cuando nos damos la vuelta para continuar el sol brilla igual que los años anteriores y ese calorcito en la piel te lleva a casa con cierta calma. Comer, vivir, dormir y crecer despacito.