Noche cuadragésima tercera. Creatividad.

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Las cosas son lo que queremos que sean cuando en ellas ponemos empeño e ilusión.
Por ello y por otras muchas razones imaginar y llevarlo al mundo material es un proceso humano, simpático y magistral.

La magia nos espera en muchas esquinas. Doblémonos.

Noche cuadragésima segunda. Los vicios.

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Mis resúmenes celulares presumen de ciertas adicciones.
Vicios resumidos. Vicios adquiridos.

Con el tiempo sangre, volúmenes, células, plásticos y gomas se unen y se disocian para conformar la suma de conjuntos tisulares ávidos de guerra y fiesta.

Vicios y días, manchas e historias. Y algo de mi y algo de todo y todo con sus gustos y sigue y suma. Suma y recuerda. Manchas para recordar años en la espalda.
Volver a la industria para caminar en soledad calles y recuerdos y generar algunas nuevas historias que manchan.

Otoño.

Día trigésimo séptimo. Las palmas que me conozco.

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-Vámonos-le digo.
-¿Adónde?
hay tantos sitios en esta ciudad que ni siquiera sé donde podemos aparcar el culo. La playa, el puerto, los bares, el cine, la feria, el bingo, los clubes…
-Ya lo tengo. Vámonos a la mierda. Si lo piensas bien, nadie ha conseguido llegar allí nunca. Seremos los primeros en visitar ese apestoso país y mañana seguro que salimos en las noticias.
-Sí, sería fantástico, pero no sabemos cómo se llega.
-Búscalo en la guía.

Fragmento de Extrañas criaturas de Jo Alexander.

Día trigésimo sexto. Las pruebas.

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A veces siento cierta presión por parte de los gamers de mi vida que parece que concederme una vida extra les supone un esfuerzo mayor del previsto.

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Noche trigésimo quinta. Caramelo.

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Debido a la actividad digital de mi trabajo me veo sometido a estar presente en las denominadas redes sociales. De un tiempo a esta parte estos entes digitales se han encargado de dominar por completo nuestras mentes y nuestros culos all included. Muchos días no sabes si te la meten o la sacas.

Mi yo persona humana abandonó en cierta forma esos lares hace unos meses largos en los que me entero poco de los memes y otras mierdas de noticias como que vivir da cáncer. Cáncer también es un signo del zodiaco y nadie dice nada de eso.

El caso es que una de las consecuencias directas que ha tenido el abandono de las redes de forma consciente es que he rechazado de forma simultánea y sin darme cuenta el hacerme fotos a mi. Como si hacerme una foto supusiese quererme de más y pensar que la acabaré colgando en uno de mis muros para que alguien con un poco de gusto se haga una buena paja (mental al menos).

Esta noche en casa de mi amiga he acabado recabando y socavando tontunas en instagram, otro de esos pequeños ejes del mal y me he vuelto a dar cuenta que los psicólogos de verdad van a tener mucho trabajo en el futuro porque se está poniendo en la olla un caldo de cultivo digno de ver desde un satélite.

Cuando me imaginaba que tendría una web algún día y casi por lo que más la deseaba era para poder publicar esta maravillosa frase que siempre está mi: “Me he tirado un pedo que huele a caramelo”. Se la dedico a todos los que necesitan contar los pelos del culo que se han depilado mal y que se les han enquistado y cuya cura pasa por contarlo públicamente.

Y hoy me autopublico porque me quiero tanto que no me hace falta gritarlo para creerlo.

Noche trigésimo cuarta. Mecánica.

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Te levantas, toses, bebes agua y te llevas a la boca aquello que tu vista agarra fuerte como si hubieses hecho deporte temprano. Siempre haces casi lo mismo. Piensas cosas extrañas sin orden intentando razonar pero siendo una compleja campaña. El café te lleva de inmediato al baño y cagas según venga la cosa.

Y sin querer todo comienza a rodar de la misma forma que el día anterior y así sin querer te dejas arrastrar sobre un circuito que hace rodar la mañana, la sobremesa y la noche. Y eso es todo casi siempre.

Mecánica a fin de cuentas.

Soluciones están todas en la cabeza y a veces en el cuerpo. Uno no sabe bien si una cosa lleva a la otra o al revés. Algunas veces te puedes bajar del vagón y como somos perros viejos y caprichosos la mejor manera es quitarte toda la ropa tumbarte en la cama y gritar fuerte la necesidad de pegar un buen polvo. Y eso te lo rompe todo y eso te engrasa las ruedas.

Y llega la noche y aunque te duermas en tu postura favorita al menos eres consciente de que siempre te puedes dar una vuelta por la feria.

Noche trigésimo segunda. El letargo y los gatetes.

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Se sueltan las cuerdas y se te escurre el culo sobre el metal de ese tobogán oxidado por los bordes del otoño de las toses feas y las ganicas de sueño.
Algunos lo etiquetan como el cambio de clima ó astenia. Yo lo llamo disidia.

El caso es que llega el fresco y dormir en pelotas molaba hace tres semanas pero ahora te agarras fuerte a lo primero que tienes al lado para abrazarlo o echártelo encima. Y el sofá vuelve a soltar ese olor a gustico y las películas se vuelven estúpidas pero útiles como somníferos nocturnos.

Y de repente el blog al igual que todo empieza a recibir actualizaciones más separadas en el tiempo y es que llega el tiempo del descanso después de un año intenso.

Buenas noches con párpados cansadicos.

Día vigesimoprimero. Los orígenes.

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De los orígenes tratan estas palabras.

Dar forma, color y comunicación a Adolfografia no habría sido posible sin la ayuda de Fran Sabater, un chico de Murcia aplicado en sus cosas y en sus manías.

Él ha trabajado mucho en saber expresar y colocar todas las fotos que forman esta web y todas las que previamente hizo. Por eso hoy le dedico una cerveza bien fresqueta por las cosas bien hechas.

Noche decimoctava. Las preguntas tras las ventanas.

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Cuantas veces levanto la mirada sobre la ciudad y cuantas de esas veces que elevo la curiosidad me pregunto en qué o en quien, en cuantos y como.

La curiosidad que no cesa.

Día decimoséptimo. Mi ojete.

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Lo sumamente divertido de hacer fotos como adolfografo es que te permite vivir una verdad de esas que no pasan los filtros de las redes sociales.
Lo bueno de este blog es el silencio continuo, de un dejar caer sin esperar a que recojan.

La satisfacción como meta y la diversión como elemento decorativo.

Cuantas cosas se ven a través del ojete.